Cómo sobrevivir al voluntariado
Siempre quise ser voluntaria. Ofrecer
algo a los demás, aprender, ayudar, estar disponible. Me surgió la oportunidad de
hacerlo en la localidad de Vivares, en Extremadura, bajo el Servicio Voluntario
Europeo, programa de la Comisión Europea.
Allí llegué en febrero y, en los
seis meses siguientes, experimenté lo mejor del alma humana – en el trabajo con
la gente amable y acogedora, en la solidaridad y el cariño de los vecinos. Sufrí
también los peores tratos de la organización de acogida, Cerujovi (Asociación Centro
Rural Joven Vida) – que, tras violar mi correspondencia postal, humillarme y
herir mi intimidad, me echó en la calle sin dinero y bajo amenazas, negándome incluso
pagar mi viaje de vuelta a mi país y devolverme el dinero del combustible que
había echado en su coche. Resistí, sobreviví.
Pude sobrevivir, pero a mí me da
miedo pensar que si tratan así a los voluntarios, qué riesgo corren los
trabajadores y, sobretodo, las personas que les están confiadas y que, por su
edad o por padecer de alguna discapacidad, son especialmente vulnerables… Me da
miedo porque no veo cualquier supervisión eficaz que les proteja.
Chico/a, si, como yo, siempre
soñaste ser voluntario/a, te dejo algunos
consejos para que puedas sobrevivir mejor que yo:
No comprendas ni hables español.
Si ya dominas la lengua (o cuando lo hagas), utiliza esa capacidad para conocer
mejor al país y a la gente, pero para Cerujovi sigue fingiendo no entender ni
hablar la lengua. Así te resguardas de algunas humillaciones. Pero si te
interesa visitar el país, aprender sobre su gente y su patrimonio, trata de
hacerlo por tu cuenta, ya que por Cerujovi nada vas a conocer. Verás que en
Extremadura y en España hay tanto que descubrir… tanto por qué enamorarse. Es
una pena que Cerujovi haga con que tantos voluntarios salgan del voluntariado
con una idea de España mucho más negativa de lo que debería ser.
Como no hables, tampoco pienses.
Sólo tienes que sonreír, que estar de acuerdo con todo. No hagas sugerencias,
no tomes iniciativas. Si no hay trabajo, acomódate al dolce fare niente. Acomódate, porque hará falta que te acomodes
también a que haya cucarachas y ratones en la casa, a ducharte con agua fría en invierno, a que el dinero para la
comida no sea puntual, a que tu correo sea abierto y que entren en tu casa sin
golpear y en tu habitación a ver tus intimidades cuando no estás allí.
Fíjate en los maniquíes de los
escaparates: no comen, no hablan, no piensan, sonríen siempre – son los
voluntarios ideales. Es cierto que tampoco trabajan, pero eso es lo que menos
importa. Sigue no pensando, que si pasas unas vacaciones pagadas por los
contribuyentes, es porque eso a Cerujovi les conviene…
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