quinta-feira, 26 de fevereiro de 2015

Cómo sobrevivir al voluntariado con Cerujovi (Centro Rural Joven Vida)

Cómo sobrevivir al voluntariado

Siempre quise ser voluntaria. Ofrecer algo a los demás, aprender, ayudar, estar disponible. Me surgió la oportunidad de hacerlo en la localidad de Vivares, en Extremadura, bajo el Servicio Voluntario Europeo, programa de la Comisión Europea.
Allí llegué en febrero y, en los seis meses siguientes, experimenté lo mejor del alma humana – en el trabajo con la gente amable y acogedora, en la solidaridad y el cariño de los vecinos. Sufrí también los peores tratos de la organización de acogida, Cerujovi (Asociación Centro Rural Joven Vida) – que, tras violar mi correspondencia postal, humillarme y herir mi intimidad, me echó en la calle sin dinero y bajo amenazas, negándome incluso pagar mi viaje de vuelta a mi país y devolverme el dinero del combustible que había echado en su coche. Resistí, sobreviví.
Pude sobrevivir, pero a mí me da miedo pensar que si tratan así a los voluntarios, qué riesgo corren los trabajadores y, sobretodo, las personas que les están confiadas y que, por su edad o por padecer de alguna discapacidad, son especialmente vulnerables… Me da miedo porque no veo cualquier supervisión eficaz que les proteja.
Chico/a, si, como yo, siempre soñaste ser voluntario/a, te dejo algunos  consejos para que puedas sobrevivir mejor que yo:
No comprendas ni hables español. Si ya dominas la lengua (o cuando lo hagas), utiliza esa capacidad para conocer mejor al país y a la gente, pero para Cerujovi sigue fingiendo no entender ni hablar la lengua. Así te resguardas de algunas humillaciones. Pero si te interesa visitar el país, aprender sobre su gente y su patrimonio, trata de hacerlo por tu cuenta, ya que por Cerujovi nada vas a conocer. Verás que en Extremadura y en España hay tanto que descubrir… tanto por qué enamorarse. Es una pena que Cerujovi haga con que tantos voluntarios salgan del voluntariado con una idea de España mucho más negativa de lo que debería ser.
Como no hables, tampoco pienses. Sólo tienes que sonreír, que estar de acuerdo con todo. No hagas sugerencias, no tomes iniciativas. Si no hay trabajo, acomódate al dolce fare niente. Acomódate, porque hará falta que te acomodes también a que haya cucarachas y ratones en la casa, a ducharte con  agua fría en invierno, a que el dinero para la comida no sea puntual, a que tu correo sea abierto y que entren en tu casa sin golpear y en tu habitación a ver tus intimidades cuando no estás allí.

Fíjate en los maniquíes de los escaparates: no comen, no hablan, no piensan, sonríen siempre – son los voluntarios ideales. Es cierto que tampoco trabajan, pero eso es lo que menos importa. Sigue no pensando, que si pasas unas vacaciones pagadas por los contribuyentes, es porque eso a Cerujovi les conviene…

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